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La decadencia inevitable del intelecto humano

El hombre moderno sólo vive para 
su propio placer y satisfacción, olvidando que era 
la única especie capaz de hacer algo más que sobrevivir 
sobre la superficie del planeta.
 
La evolución y la epigenética han otorgado al Homo Sapiens Sapiens características raras y de hecho singulares entre todos los animales de la naturaleza terrestre conocida, el intelecto humano es el creador y motor de toda la civilización conocida, la técnica, el método, la maniobra, todas las tácticas usadas por nuestros antepasados, y por todos los que estuvieron antes de nosotros nos han traído a este punto, de significativo avance tecnológico, sin embargo me pregunto:
¿Realmente existe una mejoría en el intelecto humano desde los tiempo de Leonardo daVinci hasta la actualidad?, en término estadísticos muchas organizaciones han medido un marcado aumento del Coeficiente Intelectual, por cuestiones de mejor distribución económica que contribuye por supuesto a una mejor nutrición y desarrollo de las nuevas generaciones, pero ¿es esto suficiente para asegurar la superioridad intelectual en comparación a la de los grandes genios de la historia?, grandes genios que se desarrollaron en ambientes en los que cualquiera de hoy en día no tendría posibilidad, Faraday, Voltaire, Galileo, estos hombres de eras pasadas a simple vista no hubieran tenido más oportunidad que la de un habitante promedio de su época, pero la pregunta importante radica, en  ¿Qué los hacía diferentes a la mayoría?, ¿su coeficiente intelectual?, por supuesto que no, hay muchos individuos con coeficientes altos que se dedican a la labores simples, y sin relevancia científica, es por supuesto un profundo interés de responder las preguntas elementales, y los interrogantes que se desarrollaron de forma quizás espontánea en su cerebro no fueron ignorados por estos individuos, sino por el contrario atendidos con la total atención, preguntas tan simples, como ¿por qué un imán atrae objetos con propiedades férricas?, preguntas así han resuelto las preguntas más grandes de toda la historia, o ¿por qué el sol produce sombras en diferentes ángulos en diferentes regiones del planeta?, cosas que quizás parecerían para muchos en esta época de poca importancia en comparación al afán de sobrevivir y no morir de hambre debido a las condiciones de estas épocas. Y, de todo esto queda una sencilla pregunta, son los hombres de hoy en día similares a caso con todas sus comodidades para investigar y auto-educarse a los genios de estas épocas que sin más recursos que su propio cerebro descubrieron verdades profundas desde entorno de profunda ignorancia y desconocimiento; la respuesta es sencilla: por supuesto que no. El hombre probablemente se siente satisfecho con la comodidad y tecnología de la época, en su mayoría se entrega al hedonismo profundo que otorgan los avances tecnológicos, el hombre en la actualidad sólo vive y en concordancia con el respetado señor Richard Dawkins para preservar sus genes a través del egoísmo, y esto por supuesto es razonable, sin embargo dirijo una pregunta importante para finalizar: ¿acaso todo el sentido posible de esta coincidencia existencia es la preservación de los genes, la reproducción y en el proceso el hedonismo puro, inútil, tan inútil que las funciones de un insecto como la cucaracha se convierten en labores profundamente más importantes para la superficie del planeta?

Sin duda alguna en nuestra época la inteligencia humana se ve frenada por el profundo hedonismo producto de grandes avances tecnológicos de otras épocas, la labor misma del ser humano sobre la tierra es cuestionable, el Homo Sapiens vive para sus propios deseos, sin más sentido que sus propias determinaciones, la perduración es lo único que tiene, pero eso no significa que sea todo lo que haya, todos los humanistas del Siglo XIX sólo proponen salidas a una época como la actual, desde Schopenhauer hasta Hegel  de alguna u otra forma se traduce su filosofía en la senda propuesta para la vida humana, pero se necesita proponer una forma para vivir, o una forma para entender esta dimensión de cosas, es cuestionable cuáles son las prioridades reales para esta especie, ¿perdurar es acaso más profundo que entender?, por supuesto que cómo especie necesitamos seguir existiendo en la superficie de este planeta para tener la posibilidad de seguir estudiando las razones y leyes que rigen esta dimensión, pero también es claro que el hombre de la actualidad no vive para entender, vive para disfrutar. Las estructuras políticas contemporáneas las corrientes filosóficas en su mayoría sólo le proponen al hombre formas de alcanzar su satisfacción y felicidad, mantener al hombre feliz parece un objetivo de toda la existencia, pero quizás, y sólo quizás, hayan verdades más grandes y profundas que ser un Homínido en busca de una banana para liberar endorfinas.  

La lluvia

Entre las nubes oscurecidas a punto de derramarse en las montañas, y las autopistas, apunto de caer a una velocidad suficiente para dividirse en cientos de pequeñas partes; las pequeñas gotas lluviosas atraviesan en caída libre un viaje con el único destino de estrellarse en el suelo. La lluvia oscurece el día, pero de alguna forma lo libera, y después  quizás no haya nada más hermoso, o inquietante que el placer de ser tomado por sorpresa en medio de la avenida, y descubrir que es probable que no tengamos todo bajo control, que tal vez no pudimos saber cuando llovería, que solamente tenemos estas nubes oscuras en algunos días donde quizás no las esperábamos, de alguna forma es fácil ocultarse mientras llueve, así sólo sea una gota, una única gota de lluvia que se derrama y quizás no desde las nubes, pero es probable con suerte que nadie pueda darse cuenta que algunas lluvias no se derraman únicamente desde las nubes. 
Paseo bajo la lluvia, Nabil Elhadri.
Las ciudades cubiertas por la lluvia, pensar en las ciudades cubiertas por la lluvia y la noche, que en algún lugar tan lejos para recordar su nombre las personas andan por las calles durante las noches más heladas, y resbalosas olvidando un hecho quizás tan obvio como que nadie sabe realmente cuando lloverá, si tan sólo algunos olvidaran lo que se siente ser tomado por sorpresa, simplemente no pensarlo, y ver a la gente corriendo por las callejuelas con sus caras pálidas hacia algún lugar donde se sientan más calientes; Y, si la lluvia sólo pudiera mirarse a través de la ventana, y si nadie pudiera ocultarse entre las cientos de gotitas suicidas; ¿Quién quedaría para entender que nadie debería correr cuando llueve?, 
cuando llueve no hay otra  salida que empaparse por completo, y sin esperar. 

Sin un cielo etéreo sobre nuestras cabezas, ni un infierno ardiente bajo nuestro pies,

 

El jardín de las delicias, El Bosco.
¿Dónde queda la moral humana si no existe el castigo ni la recompensa?, ¿Qué limita los deseos si no es la propia voluntad que se sustenta en convicciones éticas?, marchamos sobre la superficie de este planeta hace miles de años, simios inteligentes que se mueven en manadas en busca del ritmo de la supervivencia, del bienestar, rodeados por el temor, por los desconocido de un mundo en proceso en el cual cada reflexión sólo abre espacio para reconocer más ignorancia... ¿Son acaso nuestros días distintos a los de aquellos primeros primates bípedos?, flotamos en un sistema solar a la deriva de la brisa interestelar desconociendo casi por completo el funcionamiento físico de la galaxia, con apenas suficiente lógica para poder demostrar la existencia de las leyes físicas, con las que sólo algunos llegan a entender la vida... Existimos aún entre la razón y la creencia, y nuestros debates siguen siendo arcaicos, porque no vemos mucho más allá de este pequeño sistema de soles del universo visible, y sólo nos queda contemplar estupefactos la pequeñez de nuestra existencia. En palabras de Jean Paul Sartre "La vida tiene un sentido, si uno quiere dárselo(...)" y así, bien coherente y advertir de lo peligroso que es cuestionarse lo que para otros simboliza la razón de la existencia, de no ser así no hubieran tenido lugar las Cruzadas, ni la Inquisición, ya que la convicción por negarse al sinsentido es tan fuerte, que en muchos casos prima sobre la vida misma, en otras palabras valdría más para muchos la propia muerte que reconocer su esencial sinsentido. 

Un mundo en naufragio que sólo da a luz a otro igual


Claude Joseph Vernet, Naufragio. 

El tiempo parece ser tan distinto en muchas ocasiones, habría que pensarse cuál es la naturaleza más precisa del transcurso de los sucesos, ¿la historia humana en si misma es acaso tan solo un empujón subatómico desde las raíces del Big Bang?, es posible cuestionarse tanto, y de forma tan profunda el transcurso de las cosas, y al mismo tiempo de todos los momentos que congelados se quedan en medio.  Un mundo se sobrepone a otro que lentamente se sumerge en el pasado, y a pesar de que el reloj anda y anda, parece como si en este solitario planeta en la periferia de la vía láctea creciera al igual que en el caso de las semillas después de un día tormentoso otro, uno nuevo, que emerge con fuerza y dificultad, que se parece al que se queda atrás, pero trae otras formas justificadas en el mismo molde. De esta manera en la historia humana un mundo se sobrepone a otro, pero al parecer ambos son casi idénticos, y cada fracción paralizada del pasado para ser tener una copia en este creciente y mortal nuevo amanecer de los sucesos. Y, esto quizás porque tal vez estamos condenados a esta ilusión renacentista que no es más que un eterno retorno al mismo lugar donde muere una época y otra emerge. 
Tal vez suene irracional pensarse esto, pero la forma  misma cómo se ha escrito  nuestra historia brinda esa intencionalidad repetitiva, ¿acaso ha terminado la historia humana?, claramente queda mucho por contar, pero ¿en qué se diferencia lo nuevo de lo antiguo?, no son acaso los mismos viejos conflictos, los mismos viejos deseos, los mismos prehistóricos instintos de supervivencia una y otra vez apareciendo en cada momento tras la máscara de una nueva era.  


Un poema para astronautas

Un  caminante en un mar de soles. 
frente al sublime terror de la distancia, 
de la oscura grandeza de la cumbre interestelar, 
con ideas interrumpidas por sentimientos, 
en la penumbra de la mente, 
racionalizando ideas fugitivas a gravedad cero.
El metal insensible de 
la cubierta, 
y el reflejo de la explosión amarillenta de una estrella
choca contra el cristal en un vacío inmenso, 
sin dioses ni hombres, sin historias, 
ni países.
 Sólo silencio en los rincones escarpados de la consciencia, 
donde la soledad suena al mismo tono que astros en combustión intensa.
Un canal de estrellas distanciándose a 300.000 kilómetros por segundo en la oscuridad. 

El vacío espacial está demasiado lleno. 


Sócrates; ¿un humilde pensador o un matón escolar?

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Sócrates fue sin duda un tipo divertido;
al menos si no te tomabas las cosas tan en serio.
En la filosofía occidental Sócrates es el punto de división entre lo antiguo, y lo clásico; un pensador de irónicas características, del que se dice que probablemente nunca escribió nada. Sócrates era discípulo de Arquelao, y durante su juventud participó en la Guerra del Peloponeso; en su fiel convicción de servir a Grecia, Su fama como pensador es ya una cosa de sus años mayores, siempre entre sus conocidos fue popular por su talento al hablar, y por su ácido tono al lanzar cuestionamientos. Sócrates tuvo especial fama entre los sofistas a quienes en repetidas ocasiones cuestionaba, el Método Socrático es producto de esto; su insistencia en temas como la moral, y la política le hacían entrar en debate constante contra la sociedad ateniense. A pesar de que pocas veces proponía algo conciso, era capaz de plantear las preguntas necesarias para aplicar un ejemplar Reductio ad adsurdum (Reducción al absurdo), Sócrates no hallaba en el pensamiento ateniense la verdad sobre diversos temas, por ende le era inevitable no discutir (desde la objetividad) con sus coetáneos. De su vida sabemos muy poco, breves lineas de Jenofonte, y diversas extracciones de los Diálogos Sócraticos divisan de a poco aquella vida que tuvo Sócrates, una sin duda llena de preguntas, y por lo general silencios incómodos (no para él, por supuesto) sin respuesta. Cuestionarse lo elemental para dar nueva luz a la razón, y proponer entre algunas cosas una humilde, o quizás no contemplación del todo; Sólo sé que nada sé. Resalto que esta célebre afirmación no tiene que ser del todo una observación desde la humildad del pensador, a pesar de que lo parezca podría ser también otra de sus ágiles herramientas para dejar sin más a sus oponentes.
 Sobre sus últimos días hay que decir que aún más revuelo generó, porque Sócrates ya era muy popular entre los jóvenes atenienses (entre ellos Platón), cansados de los métodos académicos, preferían en mejor lugar desafiarlos, lo cual genera en Sócrates la fuerza suficiente para cuestionar al consejo griego durante su propio juicio; causando con esto la pena máxima; beber la cicuta. Incluso en sus últimas horas de vida, Sócrates (al menos según lo que se cuenta en Fedón) fue sólido en su postura, y quizás desde la agonía es cuando forma las bases elementales del pensamiento platónico, generando una última charla a sus discípulos sobre el destino del alma, que es en general el tema de Fedón, libro en el cual Platón interpreta los comentarios del maestro como si fueran referentes, si es que lo fueron sobre la inmortalidad de la misma (el alma), incluso con interesantes referencias a la reencarnación. Y, es que asimismo en su muerte Sócrates quería dar un sinsabor a la sociedad ateniense, dejando claro también que ni siquiera con su juicio podrían derrumbar su pensamiento, porque este no estaba sujeto a niveles carnales, sino más bien superiores; Y, es por supuesto todo este discurso el corazón del pensamiento de Platón. dejando claro que Sócrates pudo sacarle jugo inclusive a su propia muerte, y que para matar el pensamiento socrático no fue suficiente con matar a Sócrates.

La verdadera ternura en Schopenhauer

Schopenhauer muere de insuficiencia respiratoria
el 21 de septiembre de 1860.
Para muchos farsantes, y mojigatos Schopenhauer ha sido por largo tiempo la viva imagen de la amargura, y la soledad; pero erróneamente han ignorado la sensibilidad clara del filósofo ante las relaciones humanas, y la vida en general. Sin intensión de narrar una biografía fuera de lo que ya se conoce sobre el pensador; se puede agregar que Schopenhauer mucho más allá de todo lo que se afirme fue un híbrido interesante de la filosofía occidental; quizá un apasionado justiciero de las ideas, o un crítico general de la conducta humana trágicamente confundido con un viejo amargado, y cruel; Dado el caso en nombre de la buena cara (metafóricamente) de Arthur Schopenhauer me dedico ha redactar estas lineas con la intensión única de aclarar la verdadera faceta de la obra de este pionero de la inclusión cultural, y sin duda también del activismo animalista debido a su alimentación vegetariana.
Su pensamiento sobre la vida se puede resumir en una abstinencia objetiva, una negación al deseo, un celibato trascendental; individualista, y metafísico. El deseo daña para Schopenhauer, la trampa más clara al sufrimiento; su abstinencia a la complacencia se reduce al conocimiento de la inutilidad de la satisfacción; trágicamente, y limitado a su contexto Schopenhauer traduce en ocasiones actitudes misóginas, o machistas respecto a lo que para él simboliza la mujer, sin embargo desde su madurez objetiva quizá argumenta de cierta forma el individualismo de su aparente heterosexualidad, tal vez un hombre sin etiquetas para su época, o un peligroso sobrevalorado; en todo lugar se aleja mucho de ser el famoso amargado, y petulante del que todos hablan, y se asemeja más a la madurez, y a la calma de la reflexión objetiva; siempre llevando como estandarte un revoltoso tono justiciero, y en otras palabras compasivo: 

Una compasión sin límites por todos los seres vivos es la prueba más firme y segura de la buena conducta moral(...) Sobre el fundamento de la moral, Arthur Schopenhauer

La Oleada Nostálgica de las 4:00 pm

Café de Leningrado, Gerwitz Vladimirovich,
1984.
   Hay un espacio sin trasfondo alguno despejando el aire 
sin quitar la brisa(...)
El tiempo sin destino es uno de los bordes más imprecisos de la vida; fuera del expresionismo, y del código sofisticado de una cadena personal, el tiempo vacío es quizás el más imponente agujero de la consciencia; encontrarse solo en la desobligación de estarlo, hay que dejar que exista un componente complejo en la intimidad minimalista e inestable de la vida cotidiana; hay que existir como la llovizna en el parabrisas sin más que un momento entre la atmósfera burbujeante de una  tarde cualquiera. El parafraseo es un estado agónico de la esencia, subjetivo, e incorrecto; un exilio en vida a la ceguera más dulce posible, se respira por todos lados, en las ciudades, en los callejones y en las esquinas, donde se dan vueltas interminables al espacio, y viajes injustos al recuerdo; no hay más que el merodeo, y los viejos tactos de la vida; el arte usado, y las mismas botas de andar; la mente ajena durante las semanas, y cualquier pulso apagado durante la rutina. Lo inmutable existe en la vista propia,  en la voz propia, en el egoísmo tierno de la supervivencia, en el zigzageo asfixiante de los días, en las lecciones silenciosas de los niños, y en el vandalismo inevitable de mirarse a los ojos; ¿qué hay más que el reflejo de un sueño impropio desde la vergüenza cotidiana de la realidad?, es inútil revolverse fuera de la estética de unas lineas pesadas propias de nadie, sin embargo es justo retratar el naufragio desde las costas imaginarias de la decadencia.

¿Es la idiotez lo mejor que nos ha podido pasar?

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Un trauma severo en el alma de los absolutos es asumir su grandísima idiotez;
¿qué problema tendría ver el mundo a través
del agua turbia de una irrealidad inevitable?
El ego propio nos evita en ocasiones la tarea penosa de asumir la ignorancia de nuestra inevitable consciencia, con probabilidad, y debido a una mala concepción de la idea de ser un ignorante se vuelve problemático asumir la idiotez propia, en ocasiones irónicamente imposible. Pero, para centrar mejor la noción de nuestra pregunta; ¿realmente existe algo después de esta ignorancia puramente humana?, ¿realmente hay nociones sensibles después de nuestra ceguera colectiva?, expondría la idea, de que claramente nuestro contexto, y la estructura de la subjetividad humana es un producto asertivo de nuestra falta de entendimiento, de nuestro desconocimiento global del contexto, aparentemente aleatorio y poco dependiente de no más que complejas reacciones químicas. Es curiosa la forma como las diferentes concepciones de lo justo han tomado protagonismo en el desarrollo de la historia humana, siempre empujados por ese notorio rasgo emocional, que al fin y al cabo termina siendo el fragmento definitivo, y culminante del suceso. Por ende, muy preciso es resaltar de forma insistente la relevancia de los pulsos, y las afecciones subjetivas, que son sin duda alguna un recordatorio constante de nuestra naturaleza salvaje, y por ende inconsciente. ¿Si no existiera la ignorancia de qué nos vamos a reír luego?, ¿no somos felices en esta impotencia ilusa poco misántropa?,  es evidente como después de una serie de procesos intelectuales cualquier individuo asume un horizonte limitado por su capacidad propia de interpretar, en palabras de Schrödinger sería una situación totalmente entendible, porque es debido reconocer que a pesar de los pasos dados entre la obscuridad total de la omisión a una quizás más clara situación se presentan siempre constantes los hechos abstractos al ojo humano, siendo lo más honesto reconocer la complejidad que se impone ante la consciencia. Sería objetivo estar en paz con nuestra ignorancia, sin abandonar la idea utópica de corregirla, además, ¿no es preciso agregar que ha sido la de idea  de nuestra ceguera la que nos ha motivado sin más a querer ver?
En todo lugar, me quedo siempre con la idea de que mucho más allá de ser una terrible enfermedad, la ignorancia es una dulce armonía con la complejidad de lo absoluto, hay que llevar los ojos vendados, y fantasear con el paisaje, o quizás sólo con la idea del mismo sin jamás verlo.

El amor; ¿la búsqueda insaciable de la reproducción?

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Dos cisnes estéticamente enamorados.
(Fuente: truyenxuatichcu.com)
De nubes rosas, y perfumes finos hasta callejuelas mojadas, y puestos de mercado;  el amor es combustible Napalm  en todos lados, una hoguera inevitable por donde cualquiera ha pasado sin ganar o perder nada más que el tiempo. ¿El tiempo?, entre las cortinas espesas de la pasión amorosa parece quedar excluido, y sin relevancia el pasar de los minutos, o de los días; victimas de toda lluvia química sobre nuestros cuerpos, indefensos ante la atravesada idea de la contemplación ajena. No digo que esto sea propio de los que se envuelven sin pensarlo en las mareas turbias del amor, es en cambio una cuestión estadística, es decir cualquiera puede tener sexo, pero, la satisfacción secuencial de este motor ruidoso quedará frenada por la práctica sin la debida motivación, y es justamente en esto donde el tan deformado, usado, admirado y asqueado ideal amoroso toma su postura, después de bajar la guardia el ataque es insensato, y sin pensarlo en cualquier momento de juventud o vejez el aire reproductor nos toca desesperadamente con unas palabras suaves. La reproducción es el fin primario de la pasión amorosa, y aunque parezca una idea extraída de la charla retro, es en diversos casos demostrable, la necesidad constante de la materialización del legado propio, no cito con esto la concepción de un hijo, sino mucho más allá, la reproducción de las costumbres, y las ideas. Probablemente, y a pesar de toda nuestra auto-declarada evolución se haya pasado en alto uno de los agujeros más propicios del pensamiento objetivo, aquella grieta que no sutura a través de la historia, una inclinación repugnante a la subjetividad, y en ocasiones una entrega radical a la no-postura. Los motivos terroríficos que rasgan, y doblegan una linea recta a la imparcialidad están inmiscuidos vilmente por nuestra propia naturaleza. No somos simios colgando de un árbol, pero somos sin duda seres tambaleantes a la pasión. Se suele citar al perfil sólido que ensamblan algunas ideologías, el escape representado en una abstinencia mojigata; una derramada necesidad oculta tras las finos engaños de la palabra.  Sería más sencillo glorificar esta destrucción de nuestra propia idea del ser, lejanos de ser todo cuantos idealizamos, y asustados genéticamente frente a la amenaza constante de la extinción individualista; babeamos inconclusos frente a las sombras indescifrables del propio instinto.

¿Cómo pasar el día y sobrevivir a la crisis del pensamiento abismal?

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¡Qué trabajo complejo es escapar del pensamiento propio!
¿Qué tan común es considerar el pensamiento propio un artificio de otro más natural?, ciertamente no se experimenta igual este fenómeno en todos los ángulos, y en esta ocasión me parece apropiado abordarlo desde la rama de la lógica, que bien de una u otra manera le da estructura al rompecabezas interminable de las ideas. Es cierto que no todos los procesos se interpretan igual, ni todos los vacíos subjetivos se llaman por el mismo nombre, aunque de forma objetiva podrían ser puestos en el mismo orden de características por sus relaciones psíquicas. Es propicio centrar el tema a la crisis sin tiempo, ni fecha, ni condición, la crisis del pensamiento abismal; ¿un espacio sin fondo en el procesador desconocido de la consciencia humana?, ciertamente es nuestra propia idea de sí mismos un tema complejo que difícilmente podría ser trabajado, pero considero racional darle forma al terrible agujero subjetivo de la reflexión; y, es que como si se tratara de un don desagradable, es ese inicio de la palabra misma el que nos rodea en casos de los muros inquebrantables de la incapacidad intelectual humana. La teoría puede tornarse confusa, y además tediosa; ¿cómo se sobrevive a la reflexión interminable de un millón de espejos?, lejos de esto alguien diría; ¡qué don es realmente el de ser un completo idiota! 
Honestamente, no considero este orden de sucesos patológico, y es de hecho un atributo explotable cuando es identificado, pero es sólidamente desgastante aquel divagar, y divagar en el laberinto sin camino de la consciencia propia, es incluso una visión poética de la filosofía, un fenómeno seguramente demoníaco, estético e irreverente, aunque; en el fondo quizá ¿no podría ser esta agonía la constante motivación, y desconformidad del vanguardista moderno?

El decadentismo, y los iconos absurdos de la antítesis a la vie quotidienne.

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Una chica decadente, Ramón Casas (1899)

La figura artística del siglo XIX está cicatrizada entre la alta marea de diversas vanguardias, podrían resaltarse en singularidad, siempre encontrando hilos sueltos entre una y otra. La pluralidad latente del momento le dio lugar a movimientos de posiciones antónimas a los viejos clásicos expuestos en la tradición, y las sofisticadas corrientes vanguardistas polarizadas entre la abstracción se mantuvieron leales al humanismo filosófico casi de forma política, mientras el parnasianismo se adjuntaba sólido a los nuevos métodos lejanos de las muestras subjetivas, los decadentes introducían sus líneas sin cuidado en lo que parecía un hedonismo objetivado. Revolucionario, e impertinente, el decadentismo le arrancaba los méritos a la burguesía, y a los mojigatos cortesanos muy perfumados.  Podrían atribuirse al espectro decadentista una innumerable variedad de características, se considera que es la sentencia de muerte a una ensalzada burguesía, y además la puerta ambulatoria a diversas posturas de carácter no tan poético. Los decadentistas, aunque quizás no tan precisos en su corriente, dieron a luz al interesante híbrido formado entre la conservación del tradicionalismo, y la desaparición factible de la arraigada idealización romántica vinculada a la moral, en consecuencia a la no tan sinónima oposición del parnasianismo a los clásicos inocentes a las manos de la burguesía. Nos presenta el mundo saturado de los sentidos, tal como agrega Paul Verlaine en Languidez;

 Sola, el alma se marca en un denso hastío.
        Allí abajo, se dice, hay combates sangrientos.

       ¡Y nada poder, débil con deseos tan lentos,

        y no querer florecer un poco esta existencia!



El fatalismo; la cadeneta irrompible de la incapacidad

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El fatalismo es un término comúnmente usado hoy en día; proveniente de la raíz fatum, lo cual traduce destino; es esto contrario a lo que pueda creerse por confusión acerca del mismo, el fatalismo no hace referencia específicamente a cuestiones de aspecto negativo, a pesar de que por asociación sea expresado de esta forma, sino más bien es la creencia o postura en la cual el fatalista acepta a un mundo en donde todos los fenómenos, y cambios están predestinados por la causa divina; el destino. Claro está que para los fatalistas esta es una doctrina con bastante flexibilidad frente a esa forma, o identidad del destino; en ocasiones el fatalista atribuye a una deidad la causa, donde la divinidad es sólo una alegoría en la postura fatalista para el fatum. Para muchos esta postura filosófica no era más que una forma de negar la existencia de una voluntad; (y), es que efectivamente para el fatalista no existe la creencia en una voluntad, para él sus acciones no son más que las determinaciones ambiguas de los hilos del destino, es tanto así que da lugar a una confusión sobre el fatalista; ¿es éste un hombre incapaz de cambiar su destino?, y es que es ésta una de las preguntas más relevantes entre los que cuestionan la doctrina del fatalismo, porque sería tal pregunta igual a cuestionar la causa universal a cualquier idealista, aunque en respuesta a esto se puede agregar que para el fatalista y en asociación con el deificado destino, toda creencia en una ligera distorsión aparte de ser algo de totalidad inverosímil; desarrollar la idea no sería más que una resentida visión propia del raciocinio, o una posición engañosa de los instintos. El fatalismo encuentra una forma más adecuada en la vertiente estoica, con el renombrado término;  fatum stoicum; donde puede ser reconocido con la asociación a la razón divina por primera vez por Crisipo de Soli; hay que tener en cuenta que no debe confundirse al fatalismo con una posición de carácter religiosa, sino más bien debe ser reconocido como una postura ensamblada desde la filosofía, y la misma observación científica; porque el fatalista, y hablando específicamente del fatalista de carácter estoico; la única figura divina existente en el cosmos no es otra que la del eterno destino.
Cicerón en un intento de aclarar lo que para él simboliza el destino agrega en el Tratado de la Adivinación: 
El fatum no es otro que al que los mismos griegos llaman heimarmene, es decir, el orden de la serie de causas, cuando una causa ligada a otra produce de ella misma un efecto. [...] Se comprende entonces que el destino no es entendido como superstición, sino lo que dice la ciencia, a saber, la causa eterna de las cosas, en virtud de la cual llegaron a ser los hechos del pasado, son los hechos del presente y serán los del futuro.