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Hay tanta paz, y tanta tristeza en Murakami


“Todo se va deprisa.
Algunas cosas desaparecen de repente
 como si las hubieran cortado.
Otras se van difuminando despacio antes de borrarse
definitivamente”.

 Leer a Haruki Murakami es lo más cerca que cualquier occidental estará nunca de la esencia subjetiva de Japón. La profundidad del neón de las calles encendidas de historias, de años, de vidas. La nostalgia es constante en Murakami, leerlo es morir un poco, y dejar un poco en cada página, en cada pequeña historia detrás de una callejuela, de un bar, o de un antiguo instituto. Quizás ya no queden muchos como Murakami, y sus historias quizás ya no las viva nadie, al menos no en sueños, en sueños distantes, en instintos dormidos, y apagados, quizás ya nadie se atreve a ser como Hajime, o quizás no existe ningún fantasma como Shimamoto, pero, lo realmente cierto en Murakami es que es tan sólo el pintor de los secretos más guardados del alma, Murakami escribe sobre hazañas que todos han estado apunto de hacer alguna vez, Murakami despierta la libertad eclipsada por el mundo desde la nostalgia infinita del blues, y de la soledad.
Quizás Murakami representa la supresión, la impotencia, y la nostalgia del instinto y el amor, sus palabras hablan de la lejanía, pero también de lo cálido que puede ser un antiguo recuerdo, un antiguo sabor. Murakami cuenta una historia en medio del todo, de los ruidos de la ciudad, un escritor bajo la lluvia de obligación del mundo. En uno de sus mejores libros titulado Al Sur de la Frontera al Oeste del Sol, Haruki Murakami describe la impotencia de un hombre en un dilema entre su instinto y ferviente amor, y su responsabilidad y madurez, un viaje por la memoria antigua de un hombre comprometido, lleno de nostalgia, y de fantasma que desaparecen por las gélidas calles niponas, en medio del humo, el blues, y las luces altísima de las torres de la ciudad. 



Watchmen: Taciturnos Superhéroes, La Guerra Fría, y el Sueño Americano


Popart Rorschach Watchmen design Art Print by Paul Dunkel
El amor americano, 
como la Coca-Cola en botellas 
de vidrio verde, 
ya no lo producen más.
Este film dirgido por Zack Snyder se basa en el trabajo del cómic de Alan Moore creador de la saga; eclipsado en un eterno realismo donde la esencia del héroe común se pierde completamente. Los vigilantes tienen su propio código, sin embargo sólo en teoría, la distopía ochentera  que se propone Moore con Watchmen nos  hace pensar en la esencia de una sociedad levantada sobre el control, y la vigilancia, que cómo se aborda en un momento de la saga empieza a ir incluso en contra del bienestar de los propios vigilantes al empezar a ser catalogados estos como una amenaza.
La historia de Watchmen se desarrolla en un mundo  dimensionado en medio de la creciente presión generada por la Guerra Fría, donde un grupo de antiguos, desgastados y en su mayoría retirados vigilantes se encuentran en medio de situaciones que más de darles mérito heroico pueden tornarse más bien en su momento patéticas.
En medio de la luz de la ciudad de New York un anciano, retirado, y corrupto vigilante llamado El Comediante es asesinado en su propio apartamento en causas desconocidas, lo cual llama la atención de Rorschach, un viejo amigo de El Comediante que investiga a profundidad los posibles motivos de tal situación, en busca de sus otros retirados compañeros encuentra que estos han hecho vidas lejos de la acción de ser un vigilante, y prefieren prestar poca atención a la hipótesis de este hombre, el cual como su nombre de vigilante lo indica lleva una máscara que muestra el test psiquiátrico del mismo nombre (Test de  Rorschach) Rorschach se convierte por supuesto en uno de los personajes con mayor valor en la saga, al ser un sujeto cuestionado, y violento, pero también con una clara e inflexible noción de la justicia, a pesar de lo que parezca este personaje en relación a los otros vigilantes se torna directo, y sin vacilar en sus determinaciones, además de las constantes referencias que hace a la escritura de su diario personal donde narra los sucesos en torno a su historia personal siendo consciente de su posible muerte. Sin duda una personalidad afín a una desesperada Norteamérica repleta de violencia, corrupción y la amenaza de destrucción nuclear inminente  a sólo una llamada de Nixon.  Además de los comunes vigilantes como Edward Blake, y Nite Owl, hay alguien más, un vigilante o algo similar que es superior a todos en cualquier aspecto, debido a que ha perdido casi por completo su humanidad al ser víctima de un accidente en una planta nuclear, accidente que lo ha convertido en alguna clase de consciencia universal humanoide, de una apariencia endiosada, y azul intensamente; El Dr Manhattan, quien se llega a tornar un poco abrumador respecto a la pedantería que ha traído como efecto secundario a su gran poder físico, la misantropía y su dominación absoluta de la materia en todas las condiciones. 

Philip K. Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Retomando estimulantes lecturas de ciencia ficción, y recordando clásicas distopías sería un error no mencionar el impresionante trabajo de Philip K, Dick, en su novela Sueñan los androides con ovejas eléctricas, la cual nos lleva a un futuro que más que aterrador a nuestro oídos lo encontramos interesante desde bastantes focos. Después de una catastrófica guerra nuclear los animales, gatos, vacas, ovejas y demás, que antes pasaban desapercibidos quedan casi por completo extintos, y como podría concluirse su ausencia en la vida del hombre les da un valor inigualable, grandes compañías industrializadas después de esta gran guerra nuclear empiezan a crear animales eléctricos en reemplazo a los valiosos animales biológicos. Estos animales eléctricos son un estandarte de clase, y se supone que no deban parecer artificiales, y que su naturaleza por gentileza a sus amos debe ser desconocida. En la novela de Philip. K Dick, además de mencionarse esta interesante innovación de la ingeniería, se termina de resaltar con una de las invenciones más clásicas, pero siempre estimulantes de la ciencia ficción; los androides. En el contexto de la novela, los androides están al servicio del hombre, y son algo así como esclavos, pero con la características de que estos pueden desarrollar sentimientos iguales a los humanos, y su apariencia es idéntica. Rick Deckard, el personaje central de la trama, es un ex-policía que se dedica a cazar androides que se han revelado, y en persecución de estos los conoce cada vez más a fondo. En la Tierra, y según relata la novela reina una religión similar al cristianismo, llamada mercerismo, y que al mismo tiempo, y a modo de salvador relata el sacrificio, y el dolor compartido de Wilbur Mercer, que según el mercerismo enseña la forma como todas las emociones humanas deben ser compartidas a través de otro artefacto bastante llamativo, las cajas de empatía, mediante las cuales los usuarios pueden compartir sus sentimientos con otros desde la alegría hasta la irá más profunda.La novela también menciona la existencia de diversos métodos para diferenciar a los androides de los humanos debido a su fuerte parentesco, como el tests de empatía Voight Kamppf, el cual muestra la respuesta ocular de los usuarios a diferentes situaciones en las cuales se supone deben sentir empatía. La novela de Philip K. Dick abarca a nivel filosófico varios temas, uno de ellos es la forma como lo artificial ha tomado una forma más legitima, y subjetiva sobre lo natural, los androides a pesar de ser una creación humana, han superado las ganas de vivir de los hombres, y luchan con todo lo que tienen por la libertad, y por otro lado una humanidad decadentista, y hedónica se entrega a la televisión, y las apariencias, mientras en todo eso, un pensativo Rick Deckard se cuestiona sobre la humanidad del hombre, y admira la del androide. 
«La mayoría de los androides que he conocido tenían más deseo de vivir que mi esposa», piensa Deckard

Tanatoturismo; un vistazo comercial al viejo mundo.

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Lugares como el Cementerio de Gotemburgo en Suecia 
son  de profunda atracción para estos cazadores de la tragedia;
los turistas oscuros.
Desde la segundad mitad del siglo XX la sacudida histórica a los núcleos familiares convencionales tuvo una recaída, la sociedad demostraba un carácter mutable, impredecible y ligeramente híbrido; las tribus urbanas, y las nuevas fijaciones estéticas abrían campo a nuevas formas publicitarias, para nuevos públicos; la abstracción fue radicalmente rápida a un mundo comercial que lentamente se apegaba a los peculiares canones de la creciente juventud. Un mundo para nuevas impresiones de lo habitual donde la grisácea forma del infortunio explotaba de forma imprevista comercialmente.  
Las azules costas, y las verdes colinas del mundo han dejado una marca clara de lo que para muchos puede simbolizar un lugar de atracción turística; en las temporadas altas lugares como estos albergan ya a miles de personas dejando notorias ganancias a las conservadoras empresas de turismo, y sus habituales muestras publicitarias, sin embargo en la actualidad se les escapa un prestigioso, e incomprendido público, uno poco habitual aunque numeroso; los tanatoturistas. 
Es de conocimiento general la atracción que generan los puntos históricos, esa impresión subjetiva de que existen lugares desde donde se cambió el rumbo de los tiempos, y es tal la fijación hacia estos lugares que no sólo se persiguen aquellos espacios de gloria donde grandes victorias del derecho, y la justicia tuvieron lugar, sino también esos trágicos sitios donde eventos inhumanos vieron su desarrollo en repetidas ocasiones; el tanatoturismo se ha caracterizado por la persecución de estos olvidados, y grises escenarios como los abandonadas fortalezas ubicadas en las colinas europeas, o las ciudades fantasma en Rusia donde la radiación hizo imposible el lugar para la vida; los tanatoturistas son cazadores de la tragedia, admiradores de las fosas comunes, los campos de batalla, y los viejos cementerios; quizá una fascinación por esa faceta oscura de la historia, o tan sólo una irreverencia provocada por la saturación de los medios convencionales, y monotemáticos del turismo habitual de cualquier estereotipado.  En todo lugar una nueva, e interesante forma de turismo que da campo a un público irreverente frente a una industria impotente, y repetitiva.


Banksy: el retrato de la Underground del primer mundo.

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Umbrella Girl, Marigny Neighborhood
Banksy (2008)
La Edad Moderna al igual que cualquier otro periodo de transición histórica dejó vertientes importantes en el mundo del arte alrededor de todo el mundo, el Barroco regado por todos lados fue impositivo en la forma de concebir el arte, un realismo urbano como el de nuestros días hubiera sido visto como el dibujo de un niño maleducado sobre el muro de una iglesia; actualmente se puede decir que muchas tendencias artísticas han nacido de la coherencia mojigata de la Edad Moderna. Del grueso clasicismo renacentista del siglo XVII queda en mejor lugar posicionada hasta el presente, una tendencia marcada por la urbanidad, y en muchos casos la deformidad del pensamiento: la posmodernidad, la misma que ha dado lugar a una vertiente donde caben todos, como si de un circo de fenómenos se tratara el arte ha tomado la forma desconocida del individualismo humano. Para citar un buen ejemplo, sería preciso hablar de Banksy, quien ha concebido el mundo desde los espacios sin aerosol, un depredador severo de las paredes limpias de Bristol, Reino Unido. Quien con sus muestras artísticas callejeras ha retratado de a poco, y quizá sin querer el reflejo clandestino de la vida urbana, un realismo en ocasiones minimalista, pero ciertamente impecable, en otras palabras un salvador desconocido de la reputación señalada del mundo del Grafiti. Se cree que Banksy nació en 1975, y a pesar de la poca información acerca de su identidad se afirma que su carrera artística pudo haber comenzado al final de los 80s, a lo largo de su trabajo se han resaltado diversas muestras gráficas alrededor de todo el Reino Unido, donde queda distinguida una punzante crítica política, y social a distintos aspectos evidentes en el primer mundo. Además de esto también ha desarrollado una interesante e igualmente clandestina carrera como escritor, durante la cual ha publicado libros como Existencilism, en el 2002, en el cual describe como las muestras gráficas en el caso del Grafiti son una expresión de la opinión, y la crítica al modelo saturado de información. En el 2010 se realizó un trabajo cinematográfico titulado Exit Through the Gift Shop, donde Banksy expusó varios de sus trabajos alrededor de Londres, y San Francisco, caracterizados por la espontaneidad propia del artista. Actualmente la identidad de Banksy es aún desconocida, se habla de un hombre de 42 años que deambula por las calles de Bristol rayando los muros y puertas con lo que considera de manera individual una forma de la verdad.

El punk; ¿El ruido desafinado de una legítima expresión política o sólo un montón de vándalos de crestas largas?

En una sociedad de frente a las incertidumbres plantadas por una estricta polarización emergente debido a una simbólica Guerra Fría, donde quizás las expresiones artísticas convencionales pudieron quedarse cortas al momento de identificar cada uno de los sucesos de una creciente inconformidad internacional y decepción  política, en ese momento cuando sólo se alzaba la voz invasiva de los absolutos mandatarios contra una diversificada juventud carente de principios, y colmada de desilusión, esa misma juventud que le dio forma a un nuevo y poco sofisticado estilo musical; el punk.
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El movimiento contracultural y musical punk tuvo sus comienzos en los años 70s, en las vertientes anglosajonas; principalmente en Estados Unidos, e Inglaterra. En sus comienzos cuando grupos musicales como The Ramones, o Blondie (Izquierda),  desarrollaron canciones de enfoque punk podría afirmarse con certeza que este nuevo, y revolucionario estilo musical no agradó en lo más mínimo a la conservadora sociedad de la época; sin embargo, y como pudo haberse esperado, esta nueva vertiente musical llamó profundamente la atención de una juventud soldada entre el seno de familias proletarias; cuando por primera vez el punk tuvo una figura más concisa para su público, este fue identificado directamente como un vigorizante género capaz de expresar toda la inconformidad social frente a las estructuras económicas y a los planteamientos morales, esto claro sólo entre jóvenes, y participantes del activismo del momento, quienes expresaban que este era un género digno de una sociedad clamando moribunda  por un héroe, un héroe de cresta larga; un héroe lleno de punk  . Y, es que de esta manera como si de una repetitiva coincidencia se tratara la asentada sociedad de finales del siglo XX se negó rotundamente a las expresiones musicales, y políticas de su propia juventud; bastándose no solamente con esto, se puede evidenciar una vez más como la influencia de una prominente aristocracia influye gravemente sobre un asentado, y mudo proletariado, cuando fue este último el principal precursor del estigma contra el movimiento punk; siendo este no más que una corriente contracultural, y musical ensamblada por jóvenes que vivían  en el contexto de un planeta polarizado por barreras políticas y prejuicios sociales. El punk se caracterizó de forma influyente por dar un lugar relevante a las minorías; (y) es que de hecho el punk lo era también, simbolizado en jóvenes de largas crestas pintadas de colores, y en chaquetas de cuero llenas de púas; este pequeño, y prematuro movimiento contracultural, y musical  tendría uno de los papeles más simbólicos al momento de caracterizar la lucha social, y artística en contra de una moral tambaleante, y agujereada; (y) un maquillado absolutismo impulsado por el egoísmo, y la imposición política de una burocracia hambrienta llena de cortinas de humo.